El inicio emocional
Comencé el 22 con The Drama.
Y aquí está la excepción de la semana.
Una película construida desde el guion. De esas donde lo que importa no es lo que pasa, sino cómo se dice. Tiene una estructura muy sólida, diálogos bien pensados y una forma de desarrollar a sus personajes que se siente poco común hoy en día.
Es de esas películas que probablemente me hubiera costado ver en Estados Unidos; la tensión es palpable. Es de esas películas que me inspiran porque muestran y no cuentan.
Me gustó mucho. Mucho más de lo que esperaba.
El 24 continué con The Darjeeling Limited de Wes Anderson.
Tres hermanos que viajan por India intentando reconectar después de una pérdida.
Cada vez que la veo pega distinto, pero siempre pega. Tener hermanos hace imposible no verse reflejado en esas dinámicas. Es una película sobre lo que no se dice y apreciar el mundo de Wes Anderson, que es de mis directores favoritos. Es una película sobre duelo, pero disfrazada de colores, simetría y humor incómodo.
Doble función del 25
El 25 fue divertido.
Primero, Incredibles 2. La familia Parr intenta balancear lo cotidiano con lo heroico, mientras Elastigirl toma el protagonismo. Visualmente sigue siendo increíble y el jazz le da una identidad única. Jack-Jack sigue robándose las escenas. Y es de esas películas que no me acuerdo de la primera vez que me vi, solo que me había gustado, y viéndola una segunda vez ya entiendo por qué me había gustado.
Luego Tenacious D in The Pick of Destiny. Dos músicos buscando una púa legendaria para convertirse en la mejor banda del mundo.
Jack Black siendo completamente él. Humor específico, pero si te gusta Jack Black, te reís mucho. No es para todos, pero si entrás en ese tono, funciona demasiado bien.
Alien Day: el cierre perfecto
El 26 de abril es Alien Day. Y había que respetarlo.
Volví a ver Alien de Ridley Scott.
Una tripulación espacial responde a una señal desconocida y termina enfrentándose a una de las criaturas más icónicas del cine. Pero más allá de la trama, lo que hace especial a Alien es la tensión. El silencio. La sensación de encierro.
Alien cambió el sci-fi para siempre. Lo volvió oscuro, incómodo, real. Nos dio uno de los mejores taglines de la historia:
“En el espacio, nadie puede escucharte gritar”.
También hay que destacar el soundtrack de Jerry Goldsmith, que no te acompaña: te persigue. Construye tensión desde lo mínimo, desde lo incómodo. Es de esos scores que definieron cómo suena el terror en sci-fi.
Y luego está ella: Sigourney Weaver.
Ripley no era “la protagonista femenina fuerte” porque sí. Era un personaje bien escrito que resultó ser mujer, y eso cambió todo. Ese último tramo de la película, con ese outfit que ya es historia del cine… sí, totalmente un crush cinematográfico. Y no solo eso: su diseño y presencia han influenciado personajes como Bulma en Dragon Ball Z, especialmente en esa mezcla entre inteligencia, carácter y estética sci-fi. Y también, cómo no amar a Jonesy, el gato, porque toda gran película necesita un gato.
Luego vi Alien: Romulus de Fede Álvarez.
Una nueva generación enfrentándose al mismo horror. Funciona como homenaje y extensión.
Una nueva historia dentro del universo Alien, con un grupo de jóvenes enfrentándose al mismo horror. Funciona como homenaje y como expansión. No reemplaza a la original, pero la respeta.
Se siente como una conversación entre generaciones de cine.
Alien creó un lenguaje. Visual, narrativo y emocional.
Y luego viene la expansión de ese universo:
• Alien (1979)
• Aliens (1986) – más acción, más grande, igual de icónica
• Alien 3 (1992) – más oscura, más introspectiva
• Alien Resurrection (1997) – rara, pero interesante
• Prometheus (2012) – origen, filosofía y preguntas incómodas
• Alien: Covenant (2017) – expansión del mito
• Alien: Romulus (2024) – nueva generación, mismo terror
Y ahora incluso hay una serie en camino: Alien: Earth. No la he visto, pero claramente es de esas que quiero sentarme a ver con tiempo, porque este universo no se ve, se procesa.
Porque Alien no es solo una franquicia.
Es una forma de entender el miedo.
Y cada vez que volvés a ella, se siente igual de fría. Igual de sola. Igual de perfecta.

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