Esta fue, sin duda, la semana más intensa hasta ahora. Mucho rewatch, mucho descubrimiento y, sobre todo, mucho amor por el cine en todas sus formas.
El origen y el caos del 30 de marzo
Arranqué con A Trip to the Moon (1902), de Georges Méliès, en su versión colorizada con música de Air. Una historia simple: un grupo de científicos viaja a la Luna en una cápsula disparada como bala. Pero lo importante no es la trama, es la invención. Es cine naciendo frente a tus ojos. Ya la había visto, pero sigue siendo magia pura. Además, fue genial verla en MUBI, colorizada y con ese soundtrack.
Y con Artemis II en mente, tenía sentido volver a mirar hacia arriba.
Ese mismo día vi City Hunter (2024), adaptación de un anime sobre un detective privado con métodos poco ortodoxos. La película intenta mezclar acción con comedia, pero se queda corta. Funciona para pasar el tiempo, pero no es buena.
Luego pasé a Dodgeball: A True Underdog Story (2004). Un grupo de perdedores entra a un torneo de dodgeball para salvar su gimnasio. Vince Vaughn, uno de mis actores favoritos, haciendo lo suyo: comedia absurda, directa y efectiva. Ya la había visto, pero sigue funcionando.
Animación, siempre animación
El 31 y el 1 fueron días de volver a lo esencial.
Vi The Aristocats (1970), la historia de una familia de gatos aristócratas que termina perdida en la ciudad. La vi con Vincent, y claramente su interés estaba en Marie… hasta que dejó de ser protagonista y se fue. Cosas de gatos. Siento que es una película con temas adultos y que alguien debería hacer un remake live action con humanos.
Luego Who Framed Roger Rabbit (1988), donde un detective investiga un crimen en un mundo donde humanos y personajes animados coexisten. Sigue siendo el mejor híbrido entre animación y live action. Y hoy, con la industria como está, su mensaje se siente más vigente.
También vi dos cortos: Blush (2021), sobre un astronauta que encuentra compañía inesperada en el espacio, y The Blue Umbrella (2013), una historia de amor entre dos sombrillas en medio de la lluvia. Simples, directos y muy efectivos.
Entre amor, nostalgia y rareza
Por fin terminé Lost in Translation (2003). Dos personas solas conectan en una ciudad que no entienden. Y sí, es una película que habla del amor sin querer hablar del amor.
Me dejó con sensación incompleta. Tal vez es el punto. Pero, comparándola con Her (2013), con la que personalmente conecto más, esta se siente más distante.
También vi The Wonderful World of Mickey Mouse: Steamboat Silly (2023), un corto donde diferentes versiones de Mickey Mouse conviven. Es un regalo si te gusta la historia de la animación.
El 2 llegó con Mike and Nick and Nick and Alice (2026), una comedia de viajes en el tiempo donde decisiones pequeñas generan caos. Vince Vaughn otra vez en terreno conocido, acompañado por Eiza González. Funciona, entretiene, no pretende más.
El día donde todo pasó
El 3 de abril fue un maratón.
The Nice Guys (2016): un detective privado y un matón investigan un caso en Los Ángeles de los 70. Ryan Gosling y Russell Crowe tienen una química brillante. Sorprende que no hayan hecho más juntos.
Luego, The Adventures of Ichabod and Mr. Toad (1949). Dos historias clásicas, siendo la de Sleepy Hollow la más memorable, que siempre veo en Halloween. Bonita, pero no espectacular.
Y después: Amadeus (1984). La historia de la rivalidad entre Mozart y Salieri. Obra maestra. Visual, narrativa y musicalmente impecable. Si te gusta la música clásica o el cine de época, es obligatoria.
También vi el documental The Battered Bastards of Baseball (2014), sobre un equipo independiente lleno de personajes únicos, con el “caviar” de que el personaje principal es Bing Russell, papá de Kurt Russell.
Luego, ese mismo día, vi el nuevo especial de The Muppet Show (2026, TV special) con Sabrina Carpenter, que encaja perfectamente en ese caos. Ojalá hagan más.
El 4: contrastes totales
Vi The Lord of the Rings (1978), una adaptación parcial de la historia de Tolkien. Interesante como experimento, pero se queda corta. Es curioso imaginar verla como hubiera sido ver esta antes que las de Peter Jackson.
Luego vi Hércules (1997), una de mis favoritas de Disney. Y sí: “bien dicho, bicho” sigue siendo top.
También vi Good Luck, Have Fun, Don’t Die (2026), una historia de ciencia ficción ligera con Sam Rockwell. Divertida, pero pudo arriesgar más.
Snoopy, pizza y terror
El 5 fue más ligero con It’s the Easter Beagle, Charlie Brown (1974). Corto de Snoopy y compañía alrededor de Pascua. Bonito.
Luego The Pizza Movie (2025). Una comedia absurda que sigue a personajes en situaciones completamente ridículas. Se siente como Rick and Morty en live action. Me hizo reír en voz alta.
El 6 cerré con Doctor Sleep (2019), secuela de The Shining (1980). Sigue a Danny ya adulto enfrentando nuevos horrores. Funciona mejor si la ves como algo independiente. Ewan McGregor y Rebecca Ferguson sostienen bien la historia, pero no es fantástica.
Luego Color Theory: A Guide to Seeing the World (2026), de Julio Torres. Una exploración absurda y honesta sobre cómo percibimos el mundo. Lo increíble de Julio no es que sea salvadoreño, es que siempre se siente como Julio. Y eso es identidad.
Y cerré con Battle Royale (2000). Un grupo de estudiantes obligados a matarse entre ellos en una isla. Violenta, directa y muy influyente. Es imposible no pensar en todo lo que vino después, como The Hunger Games, Fortnite o Call of Duty.
Esta semana fue cine en estado puro.
Les dejo unos tips:
Vuelvan a ver películas que ya vieron.
Pidan recomendaciones.
Disfruten de cada historia, porque por eso hay tanto cine.
Y confirmo algo:
cuando uno tiene tiempo, el cine se disfruta mejor.
Vacaciones bien aprovechadas. Y si quieren revisar mis ratings o tener más info de las películas, les dejo:
boxd.it/TzB4U

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