“By all means, move at a glacial pace, you know how that thrills me”. Y sí: fueron 20 años los que tuvimos que esperar para una secuela —muy buena, por cierto— de una de las películas más atemporales en la historia de la moda. Basada en su libro homónimo, The Devil Wears Prada, cuenta la vida de la legendaria Miranda Priestly, directora creativa de la revista Runway, y su impecable gusto, siendo descrita como un faro de la moda hace dos décadas.
En esta nueva entrega vemos, por su puesto, desde la perspectiva del espectador, a una Miranda atada a la evolución cultural de lo que hoy llamamos “políticamente correcto” y dejándose dirigir por quienes financian el mundo editorial: los patrocinadores. Algo que podemos ver hoy en día en muchas publicaciones alrededor del mundo y también en nuestro país, una realidad palpable desde que las redes sociales tomaron control de lo que consumimos.
Somos testigos de una crisis en crecimiento: la evolución, pero al mismo tiempo la decadencia de un contenido editorial en el que cada vez son menos las personas que dedican tiempo a la lectura de piezas sustanciales, ricas en temas de relevancia social y cultural, y que reflejan lo que se vive día con día en el mundo.
Aquí es donde entra Andy Sacks, la joven promesa no requerida pero sí necesaria para Runway. Alguien que, incluso después de 20 años, aún le teme a la mujer de hierro: Miranda “Beastly”, como es llamada.
Una entrevista exclusiva a este personaje clave –Miranda Priestly– nos dicta la dirección hacia la que esta entrega nos ha llevado.
Quizá lo que más amé fue la nostalgia: ese juego de complicidad que aún existe entre los personajes y el empoderamiento que cada uno proyecta. Sí, han pasado 20 largos años, pero estas dos horas de película se disfrutan como si el tiempo no hubiera pasado, te deja una absoluta sensación de que nunca termine lo que estas viendo en la pantalla.
No quiero dar ningún spoiler, porque vale la pena disfrutar la película. Al verla, se entiende mucho mejor la estrategia de marketing detrás de la promoción de esta secuela; las decisiones que se han tomado para promocionarla son atinadas y su soundtrack está 10/10.
Los exhorto a ver The Devil Wears Prada 2 y a revivir cada guiño a la primera película. Y, como diría Miranda: “That’s all”.

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