La Semana del Cine 9

La semana del cine del 11 al 17 de mayo terminó siendo una de esas semanas extrañas donde cada película parecía venir de un planeta distinto.
21 mayo, 2026
3 mins de lectura

Hubo monstruos corporativos, épicas palestinas, caricaturas absurdas, acción exagerada, coming of age clásico y anime existencial. Y, aun así, todas terminaron conectando entre sí por algo muy específico: todas hablan, de alguna manera, sobre la necesidad humana de imaginar otros mundos para sobrevivir a este.

El 13 de mayo vi Monsters, Inc. junto a amigos y volver a verla en español me recordó lo mucho que me gusta esa película. Hay algo en sus colores, en el jazz, en el diseño de producción y en toda la musicalidad de la película que sigue funcionando perfectamente más de veinte años después. Además, verla acompañado hizo que brillara todavía más el humor repetitivo y casi teatral de la película. Escuchar a mis amigos repetir frases de Celia, decir “Cuchurrumín” o “¿No ordenaste tu papeleo anoche?” convirtió la experiencia en algo colectivo. Hay películas que se vuelven mejores cuando el público participa, y esta definitivamente es una de ellas.

El 14 fui a una función privada de Palestine 36 y fue una experiencia durísima, pero increíble. La película, dirigida por Annemarie Jacir, está hablada en árabe y subtitulada al inglés, y es de esas obras que se sienten enormes simplemente por existir. Ya hacer cine es complicado; hacer una película anticolonialista palestina, grabada en Palestina y atravesada por tantos momentos póstumos debido al genocidio palestino, se siente casi milagroso. Más que un blockbuster de Hollywood, porque aquí la ambición no está en los efectos especiales, sino en la resistencia cultural. La película es un épico histórico dramático sobre la ocupación británica sionista de Palestina y constantemente aparecen pequeños detalles visuales, actuaciones o decisiones de puesta en escena que te hacen pensar: “Estoy viendo algo increíble”. Además, aparece Jeremy Irons en un gran rol, demostrando una vez más por qué sigue siendo uno de esos actores capaces de elevar cualquier escena. Es una película difícil de calificar porque hay obras que van más allá de “gustar” o “no gustar”; simplemente importa que existan. Y esta definitivamente importa.

El 16 vi Regular Show: The Movie, la película basada en Regular Show, una de esas series que para mí vive en el mismo universo emocional que Adventure Time. Tiene un humor absurdísimo, básico en el mejor sentido posible, pero extremadamente inteligente debajo del caos. Siempre me parece curioso que J. G. Quintel haya mencionado a Wes Anderson como inspiración para cosas como Mordecai y parte del humor de la serie, porque cuando uno lo piensa sí existe cierta obsesión por personajes emocionalmente inmaduros atrapados en mundos rarísimos. La película juega con viajes en el tiempo, futuros alternativos y un “what if” gigante dentro de la serie, y aunque claramente está hecha para fans, me pareció una película muy bien realizada y extremadamente divertida.

El domingo 17 terminé viendo tres películas completamente distintas entre sí.

Primero vi Road House con Jake Gyllenhaal. Es una película bastante estúpida, llena de acción exagerada, violencia absurda y energía caótica, pero justamente ahí está gran parte de su encanto. Además, ver a Conor McGregor actuando como Knox es divertidísimo porque el personaje es súper irreverente, pero te dices: qué bueno, no está tan alejado de la realidad. La película entiende perfectamente lo ridículo que es todo y nunca intenta aparentar ser más profunda de lo que realmente es.

Después volví a ver una de mis películas favoritas de toda la vida: Ferris Bueller’s Day Off. Es una película muy importante para mí porque fue una de las películas que me enseñó mi papá y probablemente una de las que me hizo enamorarme de los coming of age movies. Toda la estética de John Hughes, esa manera tan específica de filmar adolescencia, libertad y melancolía escondida detrás del humor, sigue siendo increíble. Y, obviamente, hay que mencionar la actuación de Matthew Broderick, que hace de Ferris un personaje imposible de odiar. Además, la escena del museo sigue siendo una de mis escenas favoritas de la historia del cine. Hace unos años pude visitar Chicago, caminar por esas calles y entrar a ese museo, y honestamente fue una de esas experiencias donde el cine y la vida real se mezclan de manera muy bonita.

Finalmente, terminé la semana con Look Back de Kiyotaka Oshiyama, quien además ha trabajado en cosas como Devilman Crybaby y Chainsaw Man. Y simplemente me pareció una maravilla. Es una película cortísima, apenas una hora, pero emocionalmente gigantesca. La animación, las ilustraciones y el diseño visual son preciosos, pero lo que realmente golpea es cómo habla sobre la soledad, la amistad y ese miedo constante que existe cuando uno muestra su trabajo al mundo. Hay algo muy humano en esa inseguridad creativa, en esa sensación de no saber si lo que hacemos realmente vale la pena. Y honestamente, viendo la película, pensé bastante en cómo a veces me pasa eso mismo con Frame en Tinta.

Síguenos

Ads

Vale la pena leerlo