La Semana del Cine 1

Del 23 de febrero al primero de marzo vi 6 películas y 2 cortos. De todas, solo había visto antes Ferris Bueller's Day Off. El resto fue territorio nuevo.
10 marzo, 2026
3 mins de lectura

Jerry Maguire
Comencé el 23 con Jerry Maguire. Me resulta curioso que haya tardado tanto en verla.

Hay películas que uno asume que ya conoce por cultura general, por escenas icónicas, por frases repetidas hasta el cansancio. Pero verla completa es otra cosa.

La gente que odia el amor probablemente odia esta película. No porque sea empalagosa, sino porque es incómodamente honesta. Es una historia sobre un hombre que descubre que el discurso profesional que lo sostenía ya no le pertenece. Y esa fractura es profundamente humana.

Tom Cruise demuestra por qué es una estrella. Tiene algo muy preciso cuando interpreta hombres en crisis: una mezcla entre arrogancia y vulnerabilidad que nunca se siente impostada. Jerry no es un héroe, es un hombre tratando de no desmoronarse. Y eso es más interesante.

Braindead
Luego me fui al extremo opuesto con Braindead, también conocida como Dead Alive. La vi simplemente porque es de Peter Jackson, antes de convertirse en arquitecto de epopeyas.

Es una de las películas más absurdas y excesivas que he visto en mucho tiempo. Una rata mono muerde a la madre del protagonista y la convierte en zombi. Desde ahí, todo es grotesco, exagerado, casi caricaturesco. Varias veces pensé: ¿qué acabo de mirar?

Nada es accidental. Es cine desbordado. Una rareza que quizá solo se disfruta si uno acepta el juego. Definitivamente, material de Halloween.

Gorillaz y la defensa del 2D
El 28 de febrero vi Gorillaz presents: The Mountain, The Moon Cave and The Sad God. Y aquí la palabra es belleza.

Gorillaz siempre ha entendido que la animación no es solo técnica, es identidad. Este corto en 2D se siente casi como una postura artística en tiempos dominados por la automatización visual. Hay textura, hay intención, hay trazo humano. Las transiciones son una locura, los colores súper vivos y la narrativa es más un viaje del cual quieren que uno sea cómplice.

Es resistencia estética, con buena música de fondo, haciendo un hermoso tributo al Libro de la selva.

Nouvelle Vague y el espíritu rebelde
También vi Nouvelle Vague de Richard Linklater, que se adentra en el origen del movimiento que transformó el cine francés.

Es imposible no pensar en Jean-Luc Godard y en cómo un grupo de cinéfilos obsesivos decidió que el cine debía romper sus propias reglas. La película retrata a Godard como alguien que no siempre tenía clara la historia, pero sí la sensación que quería provocar.

Y ahí está el punto más interesante: el cine no como herramienta para imponer ideas, sino como detonador emocional.

Ferris Bueller
La única vieja conocida de la semana fue Ferris Bueller’s Day Off. Es una película que vi joven, que es favorita de mi padre, y que cada vez que regreso a ella encuentro algo nuevo.

Matthew Broderick rompe la cuarta pared sin arrogancia. Ferris es atemporal. Además, pocas películas han logrado que mire Chicago con tanta fascinación. Después de haber por fin conocido la ciudad, puedo decir que amo la película mucho más.

Runaway Brain
El primero de marzo comencé con Runaway Brain, un corto de Mickey Mouse que juega con la estética de Frankenstein y el intercambio de cerebros.

Es oscuro, estilizado, visualmente atrevido. Y sorprende pensar que un personaje tan institucional haya protagonizado algo tan experimental. Hoy se siente casi imposible que esa versión exista.

Le Roi et l’Oiseau
Después de Mickey Mouse decidí seguir mi domingo con Le Roi et l’Oiseau. Una fábula política disfrazada de cuento animado.

Es una crítica directa al poder, a la tiranía y al control. Su ritmo es pausado, muy francés en su sensibilidad, pero cada encuadre parece dibujado con amor y convicción.

Y finalmente: License to Wed
También vi License to Wed, la comedia fallida de 2007 dirigida por Ken Kwapis. Es curioso: Kwapis fue uno de los directores clave de The Office, y aquí reunió a varios actores de esa serie, incluyendo a John Krasinski.

La película está protagonizada por Robin Williams, quien nunca apareció en The Office, pero, viendo tanto ADN de la serie en pantalla, no pude evitar pensar que me habría encantado verlo interactuar con ese elenco. La película no funciona del todo. El humor es forzado, el ritmo irregular. Pero hay algo interesante en ese cruce: el caos cómico de Williams frente a un reparto acostumbrado al humor incómodo y seco. Es un experimento raro. No sale bien, pero siempre cae bien Robin Williams.

Lo curioso es que, aunque las películas parecen no tener nada en común, todas comparten algo: hablan de libertad.
La libertad de amar cuando no conviene.
La libertad de exagerar hasta el absurdo.
La libertad de dibujar a mano.
La libertad de romper reglas narrativas.
La libertad de escapar un día.
La libertad de cuestionar el poder.

Así continúan estas reseñas de la búsqueda constante de libertad a través del cine.

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