Odio a Yorgos Lanthimos. Aunque mucha gente llama a Dogtooth una película increíblemente original y diferente, en realidad el director tomó por completo la trama de El Castillo de la Pureza de Arturo Ripstein, y parece que el maldito bastardo se salió con la suya. Habiéndome desahogado, ahora quiero decir que me gustó Bugonia. Sí, me gustó una película de Yorgos Lanthimos… al fin. ¿Y qué creen? La primera película que me gusta de Yorgos Lanthimos no es de Yorgos Lanthimos.
Antes que nada, diré esto: Bugonia es un remake de una película surcoreana llamada Save the Green Planet! del director Jang Joon-hwan. Luego de mi completa transparencia con este hecho, confieso que no me siento orgulloso de que me haya gustado un remake gringo. Al contrario, es un gusto culposo. Pero, considerando que toda la filmografía de este señor ha sido construida a partir de ideas ya establecidas —que solo toma para ponerles su “estilo”, que ni siquiera es un estilo—, no me sorprende. En Bugonia no todo es su crédito, porque la potencia de esta película viene completamente del guion y de sus actuaciones. Emma Stone y Jesse Plemons están espectaculares, inigualables, consolidados.
Save the Green Planet! es una película de ciencia ficción psicológica, comedia oscura absurdista surcoreana, escrita y dirigida por Jang Joon-hwan, estrenada el 4 de abril de 2003. Fue hecha bajo la siguiente premisa: “Un joven cree que los líderes de su país son en realidad alienígenas reptilianos tóxicos enviados para apoderarse de su amada Tierra”. Bugoniatoma este concepto y se lo apropia, jugando con dos personajes que parecen sacados de los foros de teorías de conspiración en los callejones digitales más sucios de Reddit o 4chan, en esa América que vive a las afueras de la ciudad.
Básicamente, en esta realidad la Tierra es plana, las abejas nos controlan y todos nos vamos al carajo. El conflicto destapa muchas inseguridades de la audiencia que se diluyen con el “¿y si tienen razón?”. Por otro lado, la historia es sumamente emocionante en su construcción: está sostenida bajo tensiones muy altas, y cuando todo explota, la ejecución de la cinematografía de Robbie Ryan, la dirección y el guion de Will Tracy resultan sorprendentes.
¿Qué pasa cuando todo lo que creemos mentira resulta verdad, y toda la verdad nos suena a mentira? Ahí es donde la mayor habilidad actoral de Emma Stone brilla: esa ambigüedad en la que parece pensar una cosa, pero en realidad dice otra. Ha alcanzado un nivel interpretativo grandioso.
No me gustó el final. Debió terminar justo cuando ella regresa al clóset con la calculadora en mano. El golpe emocional habría sido más fuerte al dejar ese cierre abierto, permitiéndonos creer lo que quisiéramos, en lugar de vendernos ese final absurdo donde todos aparecen disfrazados, destruyendo a la humanidad y hablando en lenguaje de abejas. No he visto la película original, y es probable que cuando lo haga baje la estima que ahora le tengo a Bugonia como obra individual. Ah, por cierto… esto lo produjo Ari Aster. Una cereza perfecta para coronar todo este pastel de rareza.

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