Spielberg sigue mirando las estrellas para entender a las personas

Spielberg convierte un encuentro extraterrestre en una reflexión sobre la fe, la verdad y nuestra capacidad de confiar.
16 junio, 2026
3 mins de lectura

Hay algo fascinante en ver a Steven Spielberg regresar a los extraterrestres a los 79 años. No porque necesite hacerlo. Porque ya lo hizo mejor que casi nadie. Después de todo, este es el director de Close Encounters of the Third KindE.T. y War of the Worlds. Si alguien ya había dicho todo lo que tenía que decir sobre visitantes de otros mundos, parecía ser él.

Y, sin embargo, Disclosure Day existe. Y lo interesante es que no se siente como una repetición. Se siente como una conversación que Spielberg comenzó hace casi cincuenta años y que finalmente está terminando.

La premisa gira alrededor de una revelación histórica: el gobierno ha ocultado durante décadas evidencia de vida extraterrestre, mientras un experto en ciberseguridad intenta exponer la verdad y una meteoróloga comienza a experimentar fenómenos imposibles. Pero la pregunta central nunca es si los extraterrestres existen. La pregunta es otra. ¿Qué pasaría si mañana apareciera una verdad capaz de cambiar el mundo entero? ¿Seríamos capaces de creerla? Y, quizás más importante aún, ¿confiaríamos unos en otros lo suficiente para enfrentarla juntos?

Todas las películas de extraterrestres de Spielberg han sido, en realidad, películas sobre su época. Close Encounters nació después de Watergate, cuando la confianza en las instituciones se estaba derrumbando. E.T. hablaba de la soledad suburbana de los años ochenta. War of the Worlds respiraba la ansiedad posterior al 11 de septiembre. Y Disclosure Dayparece preguntarse algo mucho más contemporáneo: ¿cómo reaccionaría una sociedad que ya no sabe qué es verdad? Una sociedad donde cada video puede ser inteligencia artificial, donde cada noticia parece una conspiración y donde la desconfianza se ha convertido casi en un mecanismo de supervivencia.

Por eso, la película me terminó pareciendo menos una historia sobre extraterrestres y más una historia sobre la fe. No necesariamente fe religiosa. Fe en los demás. Hay una conversación que resume toda la película. Un personaje le dice a otro que quizás no perdió la fe en Dios. Quizás perdió la fe en las personas. Y, desde ese momento, todo encaja. Porque Disclosure Day trata sobre lo difícil que resulta creer en algo cuando hemos aprendido a sospechar de todo.

Pero, si las ideas son interesantes, lo que realmente me sorprendió fue ver a Spielberg detrás de la cámara. Hay directores que filman películas y hay directores que piensan con una cámara. Spielberg pertenece a la segunda categoría. Verlo mover la cámara en esta película es como ver a Messi intentando ganar otro Mundial en 2026. Quizás ya no esté en el pico absoluto de su carrera. Quizás ya no tenga que demostrar nada. Pero sigue haciendo cosas que recuerdan por qué llegó hasta ahí.

Hay planos secuencia larguísimos que parecen desafiar la lógica. Movimientos de cámara que atraviesan espacios imposibles. Escenas enteras construidas con una precisión tan quirúrgica que, por momentos, uno deja de pensar en la historia simplemente para admirar la ejecución. No recordaba experimentar esa sensación de asombro técnico desde la primera vez que vi Jurassic Park. Y creo que eso es importante. Porque, en una época donde gran parte del cine comercial parece filmado con piloto automático, Spielberg sigue encontrando maneras de hacer que una cámara se sienta viva.

La película no es perfecta. Es ambiciosa hasta el exceso. A veces intenta abarcar demasiadas ideas al mismo tiempo. Algunas funcionan mejor que otras. Pero incluso cuando tropieza, tropieza intentando alcanzar algo enorme. Y eso la vuelve infinitamente más interesante que muchas películas que funcionan exactamente como fueron diseñadas para funcionar.

Cuando terminó la película, fui al baño del cine. Y escuché algo que cada vez ocurre menos. La gente estaba hablando de la película. No de la taquilla. No de los efectos. No de las escenas de acción. Estaban discutiendo las ideas. Lo que significaba. Lo que creían que significaba. Lo que los había hecho sentir. Y, para mí, esa sigue siendo una de las mejores señales de que una película logró conectar con algo real.

Así como Jurassic Park nunca trató realmente sobre dinosaurios, Disclosure Day nunca trata realmente sobre extraterrestres. Trata sobre nosotros. Sobre nuestra necesidad de encontrar significado. Sobre nuestra necesidad de confiar. Y sobre la posibilidad de que, incluso en una época donde parece que todos vivimos encerrados en nuestras propias burbujas, todavía existan historias capaces de hacernos mirar hacia arriba y preguntarnos qué más hay ahí afuera. Y, quizás, también, qué queda todavía aquí adentro.

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